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Historia

Capítulo 3 Las primeras flores

Palabras:1872    |    Actualizado en: 08/09/2022

ituto de Madrid Había gritado, llorado y pataleado para que sus padres se apiadaran de ella, de su situación, de su v

eras, las conocía, las toleraba, tenía muchas amigas, y ahora estaba allí, completamente sola y aislada de los demás. Rodeada de chicos, ¡chicos! Sentía que la veían con odio por los pasillos, que cuchicheaban a s

hasta el nuevo instituto, ella miraba aquellas puertas abiertas como si fuesen mand

r más amigos, ¡yo ya

l-. Esto es lo mejor para todos, será bueno para ti. El antiguo colegio estaba convirtiéndose en un arma política contra muchas ideologías. Quiero que seas libre p

, por favor. Esas ideas ya l

a. El día más importan

ndes lo que eso significa? Seré la nueva, la rarita que se i

de hacerte ideas de cosas qu

ne grac

en, ¿de acuerdo?, sólo dime qu

e me desprecien, que me traten como la apestada, ¿quieres más? P

ses, ni siquiera has hablado con ellos. Los estás juzgando sin c

a he tenido amigos chicos. Tampoco es que consiga que las muj

a en su propia miseria. A veces incluso algún graciosillo le tiraba trocitos de papel humedecido en saliva. La llamaban la monjita muerta. A sus padres no les

rle en la cara a las personas que amaba, lo hacía por el bien de todos, de nada servía contarles la

s que conocía. Su padre era un ejemplo de inmensa calma, y su madre era la expresión más pura de inteligencia y serenidad. Los ama

ongaron por aquellos primeros dos meses, hasta que alguien le tendió una mano que aparentaba ser amigable. Por experiencia, lo primero que hizo fue desconfiar de

algo parecido a una amistad, pero temía utilizar ese término en voz alta para no crisparle los nervios

viernes. Fueron tomando fuerza y forma las palabras, con más seguridad, con más gracia, con más empatía. Para cuando empezaron

iente, alguien de buenas intenciones. De repente los días ya no eran tan grises, las lluvias no disimulaban ninguna lágrima, las noches no eran para dormir, sino para escribirse mensajes hasta

chicas del instituto se sintieran miserablemente celosas. No tenían mucho dinero, por lo que pronto se desvaneció la idea de fuentes de chocolate, cuatro cajas de pizza, sacos enormes de gominolas, litros y l

icieron una lista de películas que debían ver durante aquella velada, era una lista elaborada y muy bien pensada, empezando con las películas juveniles al final de la tarde, luego las de terror a medianoche y, para end

formas, era evidente que estaban tratando de dar lo mejor de ellos ante la presencia de la nueva invitada. Cenaron pescado

u amiga por lo bajo, tratando de que Lu

ndió la madre, tomando una servilleta y luego li

cho respeto, es un momento para comparti

rá la última vez que veamo

segura de lo que debía decir, el padre le parecía alg

blaron de otras cosas tan superfluas que ni siqui

ón totalmente forrada en pintura púrpura-. A veces no viene a cenar con nosotros, y mi padre pierde los nerv

que tenías

ir a la universidad -suspiró mientras buscaba en internet alguna página web de películ

nos pasa a todo

y de la pereza vino la somnolencia. Ni siquiera había empezado la hora de películas de terror cuando ya ambas dormían a pierna suelta, con

a pocos amigos. Era todo un bad boy en su máxima expresión, con el vello facial creciendo de forma irregular en su cara, marcas del acné que acababa de superar y la actitud de chico malo que debía ser propia de un matón de último año.

a señora, claramente molesta por l

interesada, notándose con claridad el sarcasmo en el que se desl

ores ayer, ¿te

extrañó la reacción, aún no había

adres le preguntarían sobre la familia de su nueva mejor amiga, y ella respondería qu

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