img ¿Me rechazaste? ¡Pues me casé con el rey alfa!  /  Capítulo 5 Felicidad doméstica | 2.40%
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Historia

Capítulo 5 Felicidad doméstica

Palabras:1273    |    Actualizado en: 05/11/2026

e vista

as, descubrí que toda la planta estaba re

detalles como si conocieran al hombre de toda la vida, cu

y bajó la voz, como si estuvier

a su lado antes de que cualquiera de

é una lev

ece un privilegio estar al lado del alfa, d

as manos y neg

resencia... Las lobas como nosotras no podemos acercarnos as

epartamento, entró con paso decidido y dio una palmada para llamar nuestra atención-

después, son

o frente a mí, rodeado p

linación de cabeza. Escuchó el breve resumen que Lucy le dio sobre

ucy, que por lo general mantenía una compostura impecable,

ían era la misma: ¿un alfa tan in

hé sin d

ieran qué nombre figuraba en la licencia matrimonial del alfa. Ju

e me despell

nervios y el temor. No recogí mis cosas hast

Pero ¿cómo iba a enfrentar

ente, no

era regresar a ese apartamento. Al lu

a. Apenas pasab

Necesitaba espacio para pensar en nosotros y en lo q

esquina para comprar verduras y carne. Por grande que fuer

rio y llevé las

nte lejos de los asc

extraño y, al mismo tiempo, a

smo. Desde el otro extremo del vestíbulo, parecía menos un hombre

cercarme, esforzándome por s

M

ión no cambió al verme. Seguía igual

queña sonrisa y m

había dicho más de un puñado de frases seguidas. El resto del

Encontrar alguna forma de acercarme a él.

rdad sobre su identidad. Eso hacía que a

una mano hacia mí. Por puro instinto, retroce

var eso -di

ción. Sencillamente, tomó las bolsas de m

me subió

as compras y yo ya había dejado vola

como si no pesara absolutamente nada. Antes de que pudi

r y no intercambiamos una sol

bolso, me quité el abrigo y me

ngas que hacer. Yo me

aci

gereza, casi c

que darme l

el gesto me salió más to

el uno alrededor del otro como dos desconocidos

ido era lo más natural. Pero Cassian me hablaba con tanta cautela

r de por medio no debería sen

entré en la cocina y comencé a lavar las verduras

lo del ojo una figura alta apostada en l

esita

una loba solitaria, sin la protección legal de ningu

de siempre. Sin embargo, si se prestaba atención, podía percibi

arecía

rante unos la

na loba vinculada a la manada de otro alfa no era alg

er un escudo de verdad. Mantenerme lejo

da más que aquella seguridad silenciosa, y él

pondí-.

u rostro. Satisfacción,

peleo. Nuestra manada se llama m

a Silv

antes de eso me habían tratado como a una extraña: una loba sin

me resultó familiar, no le

ón que necesitaba. Con eso bastaba. No necesitaba sa

a la cocina mientras e

jores cortes de carne, hierbas frescas y prepararía al

cer. Lo mínimo que podía hacer era alimentarlo bi

matrimonio funci

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