img Peligrosa Seducción: El precio de amarte.  /  Capítulo 4 La primera grieta | 25.00%
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Historia

Capítulo 4 La primera grieta

Palabras:1827    |    Actualizado en: 11/10/2026

. Colgó el teléfono, abrió la puerta del automóvil y

casua

te c

vecino, amigo y maestro, me preocupa tu integridad. Adem

darme,

en amigo, te ofrezco mi ay

rescates. No soy una

a hasta que llegue su medio de transporte. Au

melia intentó contenerse, pero terminó soltando una carcaj

nzaba, Amelia buscó dentro de su cartera. Cuando

ier

rró sus puert

de su bolso hasta que finalmen

erda... ¿y ah

Llevaba el cabello recogido, dejando algunos mechones sueltos alrededor de su rostro.

lgún pr

el dinero que tenía en comida, el celular es

ta sigue

hacer eso. Puedo

las cosas, solo t

uál

que te

e el tipo que e

. Amelia lo miró. Hizo una pausa. Amelia giró lentamente la cabeza. A

e a los pies. Volv

tá

entrarías

tacionado a cierta distancia del paradero.

erró la puerta y permanec

ancia, cada una perdida en su propio mundo. Entonces fue consciente de dónde estaba. Senta

se acomodó en el asien

obre el volante, pero sus ojos

deberías pone

un poco más. En cla

a foto.

Amelia giró lentamente la cabeza. Una

o tatuada e

pudo escucharlo en sus oídos. Sacó el celular del bolso intentando distraerse. Chris despegó una mano del volante. Lentamente se ace

arse hacia su cuello y detenerse en su nuca.

cordura que todavía conservaba. Su cuerpo querí

e los suyos. Chris se inclinó lentamente. La distancia entr

uisi

s suyos. Por un instante olvidó todo. Su esposo. Su hijo. Su vida. Tod

Con quié

ocupada. Ya es tar

ó el tiempo. Dame unos minut

ire que presionab

s llevar

asó

esposo

ona apareció en l

mía. Justo cuando

gracioso. Pued

vil. El resto del camino transcurrió en silencio. Cuando

nunc

ué

do

lejado de m

inó hacia la entrada de la casa sin mirar

ia encontró a A

esta hora? ¿Te pasó

, me quedé sin dinero y tuve que

alg

S

A q

¿A qué hora l

la observó durante unos segun

a sabes que nunca le pregunto nada, así que no sé adónde fue. Regresó como dos horas despué

ajo. Su traslado estaba prev

ede

perarme, Anna.

eño. Dormí e

ente. Después se acercó al sillón. Ernesto dormía profundamente. Sus ronqu

ramente morado y el olor a cigarrillo m

to...

a cama.

rió los ojos y frunció el ceño.

ándose y caminó ha

omo pudo, entró a la ducha. A

u cabeza y recorría

normal. Su cuerpo estaba allí. Su

salió, Amelia lo

é hor

só en el ojo? ¿Y p

Mañana hablamos

algo no estaba bie

quiero

ido. Amelia recogió la ropa que había dejad

los. Unos billetes. Un encendedor. El celular. Lo sostuvo durante unos

tre ellos debía existi

icaba respetar la

obre la mesa y sal

uena la

icas donde la chica es rescatada por el príncipe

de comenta

jer debe casarse, parir tantos hijos como pueda

bras! ¿En qué mome

no soy una niña. En vera

o

go muy poca paciencia

olo pe

porque ya tienes

Anna tomó un sorbo de su bebida. En la pared de la sala estaba la fotografía de

se casaron. Llevaban cuatro años j

había sido otra ciudad. Después murieron sus padres. Anna tenía apenas d

también a su hermana. Se casaron en menos de una semana. No había sido

-dijo finalmente-. Es un buen

eno... so

o qué?

mucho estos ú

pausa. Amelia la observó, su

quieres

iene, pasa pegado al celular

ajo la

e escuchan hast

ro, ¿Cómo no se había dado cue

o, Anna. Ha

por mí. Me preocu

ana, calmando sus miedos, más pa

estará

gnorar comenzaron a aparecer uno detrás de otro. Ernesto estaba diferente. Ya no era el hombre que conocía. Algo había cambiado. Algo que él no quería contarle. Se dio vuelta intentando dormir. El olor a alcohol hacía imposible descansar. Ento

e esto no volv

y fingir que todo

s, sigue

s pulmones. Su corazón se detuvo por un

ía lentamente. Aquella sensación... Aquel

que había sentido que su corazón p

esa. Y una llamada. Una sola letra en la pantalla.

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