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Historia

Capítulo 7 El hombre repugnante

Palabras:1195    |    Actualizado en: 01/06/2020

o!', Wanda lo maldijo desd

le rozara la piel. Era tan repugnante. Su primer impulso fue apartarse de i

a se arrugó de la impresión que le provocaba tenerlo cer

ía otros dos hombres en la habitación. Ninguno de los tres la tomó en serio, en cambio, solo se comenzaron a reír y tintinearo

olvió a colocar su mano sobre la falda de Wan

jar su mano y sutilmente pisó la punta de su zapato,

ladura en el zapato del hombre, lo que provocó que éste dejar

falda. Una vez que se pudo poner en pie y que vio el rostro del hombre retorciéndose del d

posibilidades, estoy para servirle con mucho gusto. Usted es un hombre poderoso. No debería tene

quería irse de la habitación mientras habla

ento en que tuviera la oportunidad de correr, sin duda la aprovecharía.

Una vez que Wanda terminó de gritarles, el hombre gordo tosió fue

de inmediato que algo m

go, como si una bomba fuera a estallar dentro de ella en cualquier mom

ajando en un burdel? ¿Por qué sigues fingiendo ser una mujer casta y pura? Realmente a mí no me importa. Para ser hon

menzaron a reírse de lo que había dicho. Sus caras se habían en

señor Zhong. No creas que puedes actuar de esa manera solo porque eres bonita. El señor Zhong ha sido muy generoso al no enojarse contigo. Si

ente se quedó allí con la cabeza gac

n sus manos. Era obvio que trata

la primera vez que la

ella. Si se trataba de un caso menor, se marchaba y estaba olvidado automáticamente. Pero si era más grave, se enfrentaba a ellos a pesar de que su trabajo estuviera en riesgo. Sabía q

tos, las cosas era

tro lugar

sí nada más. Sin mencionar que era el único lugar en donde estaba segura. Por lo ta

mano a su tío. ¿Con qué la amenazaría esta vez? ¿Con

s. Sin embargo, en lugar de hacerla sentir mejor con aquella sonrisa, la mirada

que a él se le diera la gana. Siempre se había sentido superior a todos los que estaban a

emecerse al pensarlo, y t

ra como una advertencia, la cual l

que Quincy era capaz

él mismo. Solo le bastaba con levantar una ceja

to. La vida de por

ada y parecía ausente

vertirse. Es más, ¡si decidiera tener sexo contigo aquí mismo, ni siquiera podrías acusarlo! ¡No eres más que otra pr

re pareció comenzar a hervirle en las venas y eso la hizo sentirse tensa, se veía erguida

ntes de que pudiera decir algo más, la delicada chica le

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