LA
elarre se cerraron tras el Mercedes, retumbando c
omo plomo en el estómago; lejos de calmar el hambre, solo me recordaba la necesidad que me devoraba
largo letargo. Era una fortaleza imponente, erigida sobre siglos de secr
a mi lado, con un tono inusualmente sumiso-. Solo... escucha
Tenía la mirada clavada
e. No eran vampiros, sino humanos "Convertidos": siervos de bajo nivel con la suficiente sangre
u propia estirpe; prefería la te
aban sobre las antiguas baldosas del ve
a, mi corazón -esa víscera tra
añada en pan de oro. Mi madre. Lucía exactamente como la recordaba: suave, dorada y radiante. Sin
, pero yo sabía muy bien lo que se ocultaba debajo. Yo había visto esa ruina sangrienta cinco a
ntiendo un gruñido
fondo del ala este. Empujé las puer
a de antorchas cuya luz vacilante proyectaba sombras largas y angulosas sobre las paredes. Alrededor se sentaban los doce: los Alto
si fuera un tablero de ajedrez, y en ese momento yo no era más que una pieza que se había descarriado
de la mesa se s
Llevaba el cabello negro peinado hacia atrás y manten
sencia, el aire de la est
nció Alaric. Su voz
onsejo... -comenzó a protestar uno de
ra.
zos mientras su presencia de Vampiro Alfa inundaba la sala. Los ancianos no esperaron a que lo repitiera: se i
cerraron de golpe. Qued
sobre el mármol pulido, embarrando la superficie con el lodo del aeropuerto, e impo
disfrutaste de la paz mi
El gris de sus ojos desapareció, reemp
es de esa me
e quebrara; quería ver c
de seguir incluso para mis ojos vam
madera, que crujió por el impacto. Mis pies cayeron con fuerza
a un vampiro en un callejón como si fueras un animal. ¿Tienes idea de lo que he tenido que mover para que
logré articular mientras mis colmil
una risotada seca y cortante como vidrio roto-. Arriesgaste a toda nuestra di
el cuello, clav
tener una fuente de poder indispensable. ¿Pero tú? Sigues buscando m
el propio ahogo. La san
ontraste a tu recipiente muy temprano. Encontraste a la
gnorando cómo me a
Viste cómo le arrancaban la garganta a mi madre y no hic
ue siguió fue
todo el color. Acto seguido
ó por l
on la fuerza de un demoledor, resquebrajando la piedra. Caí al suelo to
an como montañas-. Yo no me escondí. Sobreviví para que este aquelarre tuvier
o replegarme. Al liberar la presión de su aura
murió -siseó, recuperando ese tono frío y dista
a vista hacia él-. Si tan solo soy una m
or una fracción de segundo, vi a
escapar tan a la ligera, Malakai. Tu madre esca
efería con que mi madre había escapado? ¿Escapado de qué? ¿Acaso había algo más detrás de su muerte o seguía vi
rumores ya empezaron a correr. Tienes que desaparecer antes de que el Consej
hilo de san
estás enviando a una jaul
reglas, Malakai, y muy estrictas. Tienes que saber que tus poderes estarán neutralizados por el campo
erigiéndose como una s
te. Tu madre me suplicó que te tuviera paciencia antes de
lpe, resonando como la tapa de un ata
temblaban por una rabia tan hiriente que me quemaba hasta la médula. Una escuela re
quedé mirando la lluvia res
saba que me enviaba a un lugar donde me verí
que podía sentir era la fuerza fantasma de ese lazo plateado tirando de
os. Monstruos, y entre ellos, una cuyo torrente sanguíneo me
udad y sintiendo el peso de un vínculo destinado a c
había metido bajo la piel. Un vampiro cuyo recipiente de sang
nuará

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