y
chazo no solo se
mientras el hilo invisible que unía nuestras almas era arrancado de raíz. Cayó de rodillas, con el cuerpo convulsionando sobre
solo suyo; también era mío. Se sintió como si alguien me hubiera hundid
ía morir antes que darle el
ativamente el cuerpo convulso de Kaelen y la sangre en sus propias manos. Se veía insignifi
sobras de un hombre que nunca llegará a ser Alfa. Puedes qued
la es
ibles, y ante las Lunas, cuya mirada traslucía una mezcla de lástima y desdén. Pasé junto a los omegas que habían est
a blanca como si fuera un fantasma. Los lirios que decoraban cada mesa, antes
Moon y me adentré en la
nsparente, adhiriéndose a mi cuerpo como una segunda piel no deseada. El cabello se me pegó a la cara en mechones empapados
aba
r un duelo tan profundo que ahogaba-. El vínculo había desaparecido. Kaelen ya no estaba. Todo
e tenía
trono con esa copa de whisky, sus ojos reflejaban una claridad aterradora. «El hijo de
almado que no entendía de amor. Había arriesgado todo mi orgullo p
do lo había presenci
ose de mí tras los nubarrones grises. La lluvia me limpiaba el aro
tes habitaba el vínculo. Esa nada resultaba insoportable
ré, me repetí co
pada, rota y en absoluta soledad, la ver
me perdonaría
piqueteo de la lluvia. No me giré. No quería ver a nadie.
yr
madre cuando ve cómo le destrozan el corazón a su hija ante mil miradas. Sentí su p
é, con una voz que
-Estiró la mano y rozó mi hombro empapado-. Tenemo
ría quedarme allí. Quería que el frío me adormeciera la parte de mí que todavía seguía gritando-.
mí, con los ojos rojos e hinchados-
a. Las puertas volvieron a abrirse de par en par, proyectand
salió tam
rozado, con la camisa desgarrada y los ojos rastreando la oscuridad con una desesperación que me revol
ió de golpe, reemplazada por una necesidad imperiosa y sofocante d
Espera! ¡
iés más allá del halo amarillo de las luces del porche. El hombre al que había amado, por el q
olenta que creí que vomitaría allí mismo sobre el asfalto. La parálisis
¡Solo
a palabra me desg
tes de lograr abrirla de un tirón. Me metí de golpe en el asiento trasero; mi vestido empapad
re subía a toda prisa al asiento del conduc
elen. Los neumáticos chirriaron contra el asfalto mojado y, a través de la lun
r simplemente;
gre. Me acurruqué en el suelo del coche, ignorando el lujo del tapizado de cuero, y me escondí entre las rodillas mientras el primer sollozo m
ecortada por sus propias lágrimas, mientras nos
ose tanto que me costaba respirar-. No puedo ver
radamente un dolor físico que me distrajera de la agonía que me vaciaba el pecho. Me sentía como un fantasma.
istérico-. ¡Llévame a un sitio donde no tenga que existir! No dejes que salga el
ón del asfalto retumbar en mi cráneo como un toque a difuntos. Est
ado contra la moqueta, mientras el coche devoraba
respiración. Fue un soni
o! ¡No vuelvas a de
sta de la carretera, estirando un brazo hacia atrás a ciegas para sujetarme, para aferrarse a
, mír
pero el aviso se me que
frenos sobre el firme mojado fue lo último que escuché, seguido de un agudo estruendo metál
como un truen
mi cuerpo al ser arrojado contra el asiento, mientras el olor
lencioso de la nada. El nombre de mi madre se apagó en mis labios mientras
apagara del todo y la aplastante certeza de que qui
inua

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