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Historia

Capítulo 5 UN SECRETO

Palabras:1094    |    Actualizado en: 12/08/2026

AMI

n y sonriente, junto a un hombre

lla, mirando la foto con incre

o de las manos, sintiendo cómo la vieja furia volvía a quemarme las ve

es brillaba en sus ojos se desvaneció, reemplazado por una dud

re que se apoderaba de su mente. Sus manos, que habían estado cruzadas con confianza, ahora se

sesinar... Imposible, mi padre

víctimas. Pero yo no olvido. Y ahora, tú

La dejé allí, sola con sus preguntas, con el peso de una verdad que apenas empezaba a vislumbrar, como un rom

ón tan refrescante la que siento, como si el aire

LEN

arrebatado seguía quemando en mi memoria. Mi padre, siempre tan pulcro y sonriente, junto a una mujer cuya mirada desbordaba u

llamadas. Estaba solo en esa casa vacía, probablemente bebiendo para olvidar que había entregado a s

girarme para saber que era él; su presencia alte

ra plana, desprovista de la furia de hace un momento-. El vest

ia él, deteniéndome a u

norando sus órdenes-. La mujer

n dos pozos de obsidiana en los que era imposib

obre ella, Elena. No tienes

por qué me odias tanto -mi voz flaqueó, pero mantuve la bar

que me cortó el aliento. Sus dedos atraparon un mechón de mi pelo, e

útil -murmuró, su aliento rozando mi frente-. A

e atr

baja y peligrosa que me e

cuerpo, Elena. No me retes a demost

e acerqué al diván y descubrí el vestido. Era una pieza de alta costura en seda negra, con la es

suelo, fluyendo con cada uno de mis movimientos. Sin embargo, había un problema: el cierre inv

etálica; mis brazos empezaban a

frustración y nerviosismo. He engordado un poco

en la puerta m

o se acab

a vestido con un esmoquin que lo hacía parecer el soberano de un mu

rdenó, acercándose

momento -mentí, tratando de cu

la v

cercarse hasta que sentí el calor de su cuerpo justo detrás de mí. Sus manos, grandes y seguras, apartaron mi cabello hacia un lado

dejes que note lo

i columna con una lentitud tortuosa, siguiendo la l

gélida como su dueño -respondí, aunque mi vo

Sus dedos rozaban los bordes de la seda y la calidez de su palma se presionaba momentáneamente c

bajó a un tono casi imperceptible, vibrando cer

ndo los ojos mientras sentía cómo el vestido terminaba de aj

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