AMI
n y sonriente, junto a un hombre
lla, mirando la foto con incre
o de las manos, sintiendo cómo la vieja furia volvía a quemarme las ve
es brillaba en sus ojos se desvaneció, reemplazado por una dud
re que se apoderaba de su mente. Sus manos, que habían estado cruzadas con confianza, ahora se
sesinar... Imposible, mi padre
víctimas. Pero yo no olvido. Y ahora, tú
La dejé allí, sola con sus preguntas, con el peso de una verdad que apenas empezaba a vislumbrar, como un rom
ón tan refrescante la que siento, como si el aire
LEN
arrebatado seguía quemando en mi memoria. Mi padre, siempre tan pulcro y sonriente, junto a una mujer cuya mirada desbordaba u
llamadas. Estaba solo en esa casa vacía, probablemente bebiendo para olvidar que había entregado a s
girarme para saber que era él; su presencia alte
ra plana, desprovista de la furia de hace un momento-. El vest
ia él, deteniéndome a u
norando sus órdenes-. La mujer
n dos pozos de obsidiana en los que era imposib
obre ella, Elena. No tienes
por qué me odias tanto -mi voz flaqueó, pero mantuve la bar
que me cortó el aliento. Sus dedos atraparon un mechón de mi pelo, e
útil -murmuró, su aliento rozando mi frente-. A
e atr
baja y peligrosa que me e
cuerpo, Elena. No me retes a demost
e acerqué al diván y descubrí el vestido. Era una pieza de alta costura en seda negra, con la es
suelo, fluyendo con cada uno de mis movimientos. Sin embargo, había un problema: el cierre inv
etálica; mis brazos empezaban a
frustración y nerviosismo. He engordado un poco
en la puerta m
o se acab
a vestido con un esmoquin que lo hacía parecer el soberano de un mu
rdenó, acercándose
momento -mentí, tratando de cu
la v
cercarse hasta que sentí el calor de su cuerpo justo detrás de mí. Sus manos, grandes y seguras, apartaron mi cabello hacia un lado
dejes que note lo
i columna con una lentitud tortuosa, siguiendo la l
gélida como su dueño -respondí, aunque mi vo
Sus dedos rozaban los bordes de la seda y la calidez de su palma se presionaba momentáneamente cbajó a un tono casi imperceptible, vibrando cer
ndo los ojos mientras sentía cómo el vestido terminaba de aj

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