nes no se parecía en nada a los ejércitos orgullosos que solían desfilar por la capital imperial. Los caballos estaban delgados, los mantos lucían deshilachados p
el deslucido grupo
so del liderazgo real lo había golpeado con dureza. La alianza matrimonial con Vanessa y la Manada Valle de Sangre, que prometía ser la salvación de sus tierras, se había convertido en una prisión política. Los ataqu
o real. Tragar su inmenso orgullo y viajar hasta allí para rogar p
guardias imperiales nos obligaron a dejar nuestras armas en la entrada s
con tanta fuerza que sus nu
obo interno, que se retorcía ante la humillación-. Venimos a pedir oro y grano. Si el Alfa Supremo Al
rmaduras de plata pulida y lanzas relucientes, los escoltó hacia el interior de la fortaleza.
cristal de los altos ventanales de la sala de
ado del aura invencible que recordaba de la noche de su coronación. Ya no era el verdugo impla
flaquear? -preguntó un
en oro sobre los hombros. Sus ojos dorados vigilaban l
fría, sin desviar la mirad
contabilidad -declaró con serenidad-. Sé exactamente cuánto vale cada
el hombro-. Yo me sentaré en la antecámara del consejo. Esta audiencia es completam
ntos privados. Allí, el pequeño Leo estaba sentado en una alfombra, repasando unos pergaminos de historia con su tu
untó Leo con curiosidad infantil-. Los guard
queña túnica real. El parecido físico del niño con el hombre que acababa de l
besándole la frente-. Quédate aquí con tu tutor. Hoy mamá tiene una reu
or en el juego de estrategia -prom
al gran salón del trono por el acceso privado de la corte. El recinto era imponente: techos abovedados de veinte
imponente sillón de roble y plata situado a la derecha, el asiento de la Regente y Estratega Suprema
al fondo del salón se abri
arra de Ébano y su comitiva -an
rarse con la figura madura y dominante del Alfa Supremo Alistair. Sin embargo, a medida que ganab
en el sillón de plata era inconfundible. Su postura, la caída de su cabell
lerta y hostil, soltó un aullido de conmoción absoluta dentro de su mente. El lazo de mates, aunque r
ndo el protocolo. Sus guerreros se miraron entre sí
a en un susurro cargado de incredulidad, shock y un
osición elevada con la majestuosidad de una deidad pagana, si
ino el consejero principal con tono severo, golpeando su bastón contra el suelo-. Guarde el pro
par, mirando a la omega a la que había condenado a muerte en el barr

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