img La Rechazada del Alfa: La Luna de la Venganza  /  Capítulo 2 La chispa en la oscuridad | 12.50%
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Historia

Capítulo 2 La chispa en la oscuridad

Palabras:1223    |    Actualizado en: 07/08/2026

el bosque ancestral, haciendo crujir las ramas más gruesas como si la mismísima naturaleza protestara por la injusticia cometida esa noche.

un simple desamor; era una mutilación del alma. El vínculo que la Diosa Luna había tejido entre ella y Killian había sido arra

entumecía las manos. «¿Por qué hacerme sentir el calor de su

ladora. Él había elegido el estatus, las tierras de la Manada Valle de Sangre y la mano de Vanessa por encima de

charco de agua congelada. Intento levantarse, apoyando las palmas de las manos en el fango, pero sus brazos temblaron violentamente antes de vencerse. No le qu

enegaba de ellos. Cerca del borde del territorio, donde las marcas de la frontera de la Garra de Ébano comenzaban a desvanecerse para dar paso a la tierra de nadie, Da

s labios tiritaban por última vez. «Si este es el

enazaba con sofocar su conciencia, un estalli

nuto, vibrante y feroz, que comenzó a resonar en la parte más profunda de su abdomen. Era

ermanecía acurrucado y sangrando por la traición, una v

tual, antes debilitada, comenzó a brillar con un aura dorada y prot

pero el cansancio la abrumaba: «No puedo m

ritu se erizó en la mente de la joven, envolviendo su vientre en un abrazo invisible. «Él nos desechó p

n eco suave, pero inconfundible de una nueva existencia que luchaba por aferrarse a la vid

sintiendo cómo una calidez purificadora comenzaba a e

coronación, cuando él vino a ti en las sombras del jardín antes de tomar su decisión... la vida germinó en n

Recordó esa noche clandestina, las promesas a medio susurrar de Killian antes de que la ambición lo corrompiera por compl

llevaba en las entrañas al hijo de sangre pura del Alfa, no d

ró Daphne para sí misma e

al. «Un niño que necesitará una madre fuerte, no una víctima que se deja morir bajo la lluvia

astó el dolor de la ruptura del lazo. La agonía no desapareció, pero se convirtió en un combustible helado

s. Ya no vio el barro como su tumba, sino como el punto de partida de su renacimiento. Se apoyó sobre las rodillas, tiritand

gris, como si pudiera proteger a la diminuta criatura del viento voraz. Miró hacia atrás una última vez, fijando la

ota por el esfuerzo, pero cargada de un veneno insospechado-. Pero este bebé vi

neutral. La visión se le volvió borrosa por el agotamiento extremo, y tras avanzar apenas una docena de metros más entre la maleza

ro la chispa en su interior permaneció encendid

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