ructibles. Para Elena Volkov, esos tres años habían sido una metamorfosis absoluta. La tímida secretaria de trajes grises y gafas gruesas que sopor
, antes utilizada para organizar agendas ajenas, ahora devoraba informes financieros, absorbía empresas competidoras y diseñaba estrate
ansión Volkov y de los trajes de alta costura, el verdadero m
l grito alegre de Chloe rompió el gélid
de sus hombros desaparecía al instante. Se agachó, permitiendo que la niña se colgara de su cuello, y depositó un tierno
seriedad que a Elena siempre le provocaba un vuelco en el corazón. Alex era analítico, silencioso y observador. Tenía el cabello oscuro y denso, un
isterioso amante que la había tomado con una pasión tan devastadora antes de que su vida cambiara para siempre. A veces, al mirar a Alexander, se preguntaba si ese hombre alguna vez pensaba en la muj
ktor Volkov entró al despacho, apoyándose en su icónico bastón con empuñadura d
un momento. Mamá y yo tenemos que hablar de
ó, la atmósfera del despacho volvió a tornarse estrictamente profesional. Vikt
ena. La Torre Vance es
eco del pasado. Elena alzó una ceja, mante
ientemente grande como para sostener sus acciones por
ios lo apuñalaron por la espalda. Las acciones de Vance Corp han caído un cuarenta y cinco por ciento. Los bancos le han congelado los fondos y la junta directiva amena
as de tensión alrededor de sus ojos delataban que estaba acorralado. Christopher Vance, el hombre que la había echado de su oficina como
a del grupo, ¿verdad? -preguntó Elena, con una s
onmigo -dijo Viktor, con un brillo de anticipación en los ojos-. La reunión es en una hora, en
piezas blanco inmaculado. Caminó hacia el gran ventanal
s a comprar el cincuenta y un por ciento de sus acciones. Quiero el control total de Van
miró con
nce es un hombre astut
hijos son intocables bajo el apellido Volkov. Christopher Vance viene busca
untas de cristales ahumados. El sudor frío empapaba su camisa de diseñador. Odiaba estar en esta posición. Odiaba tener que pedir ayuda, es
n seco, enderezando la postura y adoptando su habitual máscara de friald
un traje blanco que contrastaba con su perfecta y brillante cabellera oscura que caía en ondas sobre sus hombros. No usaba gafas.
có en su garganta y sus ojos grises se abrieron
abios en un susurro ahogado, rompie
y entrelazó sus dedos sobre el cristal, mirándolo directamente. Sus ojos de un
arrastraba una cadencia tan gélida que congeló la sangre del magnate-. Mi
stopher, dando un paso hacia ella, completamente descoloc
ja, un sonido melodioso
Elena Volkov, Directora Ejecutiva de este consorcio. Ahora, si ha venido a hablar de su patética situa
e en una intensa oleada de intriga y una extraña y ardiente fascinación. La mujer indefensa que
n, invadiendo el espacio. Fue en ese preciso instante cuando el aroma de Christopher llegó a
lofrío devastador le recorría la columna vertebral. Su mente viajó instantáneamente a la penumbra del
do que el piso desaparecía bajo su
áscara de hielo, la puerta lateral de la sala de juntas se abrió tímidamente. Alexander, c
es otra vez... -comenzó a de
agnate. Miró al niño de tres años, su cabello oscuro, sus facciones idénticas a las suyas cu
a pesada silla de caoba, mientras miraba al niño
ella le pareció la del mismísimo lobo de su pasado-. E

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