s de
ra
oledad de mi cocina, mientras arrojo las llaves de la camioneta blindada sobre la mesa de madera desgastada y fijo la mirada en el papel arrugado que reposa junto a la lámpara de mano, el cual es una notificació
s de que termine el mes, simplemente vas a tener que sentarte a ver cómo se le apaga la vida –continúo murmurando con rabia, apretando los puños hasta que las cicatrices de mis nudillos se tornan completamente blancas, de
ar la cartulina gris, mi mente se desconecta por completo del presente y me arrastra de golpe
problema de presupuesto internacional! –le grito al especialista en oncología pediátrica en la mitad del corredor del hospital g
e señala los gráficos de la computadora. – La enfermedad terminal que padece Jazmín es sumamente agresiva, y la única esperanza real que le queda es un tratamiento genético experimental que solo se realiza en Ginebra; el costo de ingreso, tr
ojos completamente inyectados en sangre y las manos temblorosas por el llanto incontrolable que la ahoga desde que firmó el último consentimiento de quimioterapia. – ¡Ethan, haz algo por favor, tú le promet
sollozos desesperados resuenan en mis oídos como si fueran ráfagas de mortero en medio del combate. – Te di mi palabra de honor de que las protegería con mi propia vida
atrasos esta misma semana –solloza ella, ocultando el rostro en mi pecho mientras sus lágrimas empapan mi chaqueta de cuero. – Mi esposo murió defendiendo una bandera que ahora n
inmediato a esa noche infernal en las trincheras de la frontera, donde el humo de las explos
tó mi compañero de armas, Manuel, mientras presionaba con desesperación la herida abierta en su costado, de la cual brotaba la vida a borbotones sobre el lodo del campo de guerra. – ¡Te la
a mientras yo respire –le respondí en aquel entonces, sosteniendo su mano fría en medio de la balacera infernal, justo
do y me devuelve de golpe a la realidad de mi cocina, donde el recib
a insistencia que parece una burla del destino, recordándome la audaz propue
seductora de Aurora a través de la línea, sin un solo rastro de duda tras haber sobrevivido al atentado de la gala benéfica. – El tiempo corre en nuestra contra, puesto que mi
ivas donde su padre controla cada movimiento –le respondo, manteniendo la voz fría para que no note el temblor de ansiedad que me provoca la cercanía de la solución a todos mis problemas financieros. – Tres millones de d
de inmediato, con esa seguridad implacable que la caracteriza y que me demuestra que no está dispuesta a aceptar un no por respuesta. – No me interesa el dinero cuando se trata de comprar la lealtad del único hombre que puede garantizar
bservar la calle oscura, consciente de que aceptar este trato significa renunciar a mi libertad y convertirme en el blanco principal de todos los enemigos de la familia Vance. – No voy a tolerar que su
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