img Luna sin loba: rechazada por la manada, deseada por el Alfa  /  Capítulo 3 Ya no podía quedarme aquí | 2.19%
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Historia

Capítulo 3 Ya no podía quedarme aquí

Palabras:1666    |    Actualizado en: 20/05/2026

as, se me retorcía el estómago. Miraba la luna colarse por la ventana, como si p

ó todo el tiempo burlándose de mis elecciones mientras fingía ayudar. Solo iba a la escuela y al trabajo, y fue

gar la ridícula deuda de un vestido que costó trescientos dólares solo pa

ersaciones se volvieron cortas y distantes, limitad

a llama se negaba a apagarse. Quizá pudiera sobrevivir a la gala sin humillarme. En solo una semana, todo e

algo estuviera por suceder. Con las bolsas de la compra apiladas

spesa de ajo y parmesano. Envolví las coles de Bruselas en tocino, las glaseé con jarabe de arce y les di un toque de balsám

adoraba, y mi padre llevaba su admiración aún más lejos. Cuando Phoenix fue nombrado heredero después de que el último hijo del Alfa Renard muri

hoenix Blackwood. Por ahora, sin e

r mientras avanzaba a duras penas. Me movía con torpeza, insegura,

lto descuidada, pues no noté nada raro. No sentí el

rró de golpe detrás de mí con una fuerza brusca, y un

Mas

sde la infancia, el que nunca dej

dentro,

enía a

labios. Yo no podía moverme ni retroceder mientras

cree que por fin va a ser exhi

tono burlón. Se acercó má

y su mano se cerró alrededor de mi cuel

entos se dispersaron y, de algún modo, me fijé en las manzanas que rodaban

es a la gala? ¿Crees que puede

rio, revolviéndome el estómago. Giré la c

nuevo. Sus palabras me hirieron profundamente. "¿Quién podría

ostillas, frenético y atrapado. Su agarr

mi oído, rozándome la

ba por respirar. Había soportado los golpes, los insulto

o era ot

era p

tré con fuerza, dejando líneas ardientes. Intenté darle una patada,

ba ignorar la dura y evidente prueba de su excitación. "Si aparezco cubie

me pasara, pero con la gala acercándos

rme alrededor de mi garganta, y sus dedos

olía creer que las cosas cambiarían, que luchar

e. Haría lo que fuera necesario para seguir viva. Harí

voz temblara a propósito, e incliné la

sfecho que me revolvió el estómago. Se inclinó, inhaló y luego p

usea antes de

hasta mi cadera y me atrajo hacia él. Cerré los ojos, respirando por la boca para ignorar el s

e me robó el aire de los pulmones. Se me escapó un grito mientras lo em

marca en la piel. Su mano se cerró en mi mandíbula, obligánd

bir otro golpe, pero

s en ese momento. Él lo

que un desecho, y este es tu lugar. Nadie vendrá a salvarte en esa elegante gala.

fuerza, dejándome sin alient

ra pequeña perra de la manada, Ava". No se molestó en ocultar lo que insinuaba. Su mano

para algo. Todaví

as su voz envenenaba el aire. Sí, lo en

resbalaba por la mandíbula mientras dejaba escapar sonidos entrecortados. "Qué defecto tan hermoso, Ava. Fácil de rompe

o ent

ya no me p

. Intenté quedarme allí, lejos de él, hasta que un fuerte golpe en el estómago me arrastró de vuelta al dolor. Caí

obligándome a rod

en mi boca, con movimientos bruscos y asfixiantes. Luché por respirar; mis labios se partieron por la fuerza. El sabor me invadió r

iaron hacia las compras esparcidas por el suelo. No dijo nada; solo una

o sa

z se ensanchó, en cómo lo asimil

uedó donde estaba

inaba ligeramente la cabeza. "Heredero del Alfa". Hizo un gesto despreocupad

ba detrás de mí. Las lágrimas que me nublaba

lgo mucho m

do, el que lo entendió y el que de

ita

ía quedar

ue me costara,

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