a del Prín
a Emeriel. "El rey lo llama, mi príncipe", dijo
o ministro no perdió e
Solo sería un azote, nada más',
sillo hacia la puerta, el lugar e
andab
e era ruidosa. Normalmente se escuchab
iró para mirarlo con desdén. En cambio, todos ten
u vista hacia don
s, con el pelo negro, largo, liso y has
cultos bajo sus túnicas, sus orejas ligeramente inclinadas y sus rostros inc
ó paral
ek
de alta cuna y
nta. Nadie deseaba encontrars
ó el Urekai con la larga cicatriz que le recor
, protestó el rey Orestus,
el ceño. Estaba claro que era un ser
dando a elegir, rey humano", espetó, d
ahogaron un grito, encog
otro Urekai, con voz más suave, en un
a cualquier hombre. "Es lo menos que puedes hacer, rey
ió el otro Urekai, metiendo la mano en su t
El interés del rey se
hay monedas de oro", dijo
meriel. Las monedas de oro
tienes que hacer es entregar a la
era
inc
estar habl
uevo cuando dos guardias cond
o, mi her
uvieron su movimiento. Se mordió el labio con fuerza, tratand
ra lo que parecía. Te
estuvieran aquí para comprar
keira al centro de la corte se detu
e Aekeira reflejaba los
o lo que tengo que hacer es vendérsela y todo este di
ó el Urekai si
distancia entre él y Aekeira,
le ladeó la cabeza para verla mejor. Parecí
sobre su escritorio. "¡Vendida! A partir de este mo
la garganta de Emeriel ante
ó de rodillas. "Por favor, no vendas a mi hermana a
da aburrida. "Ya no está
staba e
edes permitir que esto suceda! ¡También es
ras prácticamente gritaba, pero no le importaba. "¡Sabes que le espera un destino p
burló Lord Vladya, con su tono
ontraído por la ira. Pero al mirar esos intimidant
una vida sin contacto físico. Podría ser solo un rumor, pero con la vida
eira, iré yo", dijo Emeriel, le
l, con los ojos muy abiertos por el
afirmó Emerie
amente formada. "No. No te necesita
mbién. Si me dejas aquí, siempre intentaré ir con e
frío sonido. "Sin el rito de iniciación, la gran mon
aré", prome
los ojos suplicantes hacia Emeriel. "No hagas esto, Em. Ya es
kai no les importa si eres hombre o mujer; servirás en todo lo que tu amo te ordene. Ya sea en las minas o en
ecorrió la espa
Urekai, pequeño humano? Eres un chico gua
ído crecer y leído en los libros era cierto, ser escla
sueñ
er en otra d
lor. "Donde vaya m
os a dos esclavos", d
continuó Vladya, ignoran
ices sacó otra bolsa de monedas y arrojó ambas a
l rey Orestus, volvien
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