rigos empapados y conversaciones estridentes. Emma se encogió en un rincón junto a las puertas, detestando la proximidad forzada y el roce accidental de los extraños co
idelidad técnica. Al encenderlos, el zumbido de los motores, las voces y la opresión del vagón desaparecieron, reemplazados por un silencio sepulcral, seguido de una melodía instrumental suave con agudos nítidos y bajos profund
aroma a lavanda que su tía Heidi solía rociar en las cortinas. Todo allí le recordaba a ella: el pequeño sillón de lectura, las taza
negra sobre la diminuta mesa
imenticio. Encendió la estufa y, con movimientos mecánicos, comenzó a preparar su cena. Hirvió una porción exacta de granos integrales y cocinó brócoli al vapor. Desde que la salud de Heidi había empeorado,
ero al dar el primer bocado de arroz integr
seguía allí, bu
ento. Las páginas, impresas en un papel grueso y opule
o de manera "natural" en los días óptimos de su ciclo, bajo la supervisión médica exclusiva de los especi
erá trasladarse a la residencia principal del señor Becker, sometiéndose a una dieta, hora
cualquier derecho legal, moral o físico sobre el menor. Se le prohíbe cualquier intento de con
durante nueve meses, sintiendo sus patadas, escuchando su corazón, solo para entregarlo a los brazos fríos de un hombre de hielo que lo veía c
la mesa la sobresaltó. En la pantalla
tuvo. Deslizó el dedo po
voz apenas
e hace unos minutos. Hemos logrado estabilizarla, pero el doctor Müller me ha pedido que le informe que sus pulmones están cediendo más rápido de lo previsto
ón entera d
primera hora -susurró Emm
io corazón. El ultimátum no era del arrogante CEO en su torre de cristal; el ultimátum era
iento que debía pagar. Agarró un bolígrafo de tinta negra, destapándolo con ferocidad. Buscó la
izar la sonrisa de Heidi, el sonido de su risa, para darse el valor necesario. Y trazó su
ez, la lluvia había cesado, pero un cielo gris y opresivo cubría Berlín. Emma llevaba el contrato firmado dentro de su bolso,
o vestíbulo de mármol asintió con la cabeza al verla, como si ya estuviera
ma posición que el día anterior, de pie frente al ventanal, observando la ciudad. Llevaba un
o la fría satisfacción de una ecuac
máscara de apatía forzada que había construido durante toda la noche. Sacó la
e Suiza reciba la transferencia en la próxima hora, señor Becker. Y quiero el
briéndola con lentitud exasperante para
rá en el momento en que nuestro médico confirme que estás en
e Noah. Era un hombre hermoso, sí, de una masculinidad arrol
. Me está comprando. Está comprando mi cuerpo y el fruto que salga de él, porque tiene el dinero para hacerlo. Pero jamás, escúcheme bien, jam
cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada. El aroma a sándalo y lluvia que desprend
su voz baja y rasposa vibrando en el espacio entre am
nciosa que ninguno de los dos estaba preparado par
o a su postura gélida-. Bienvenida a Industrias Beck

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