lo apretó contra su pecho como si fuera un tesoro, como si aquella hoja de papel t
la voz quebrada-.
uellas líneas que confirmaban su ingreso a la academia en España. Cada palabra era un recordatorio de que había alguie
un negocio? ¿Que soy una moneda de cambi
húmedas y el cabello despeinado la hacían verse frágil, pero al mismo
de la cama y, abraz
me arrebaten lo único que me pertenece: mis sueños. Pref
apagado. Se tapó los oídos con ambas manos, como queriendo borrar el eco
a cama, apretando la carta contra su pecho como un escudo. Cerró los oj
ciosa. Abrió el cajón de su escritorio y sacó una libreta; allí comenzó a escribir, con letra nerviosa, un plan que apenas se
que debía acompañarla dondequiera que fuese. A cada palabra que escribía,
Su madre apareció en el umbral, con
haces despiert
a libreta de golpe y escondió
má... sol
sentó junto a ella. Tomó
el matrimonio no es solo para ti, sino para toda la familia. Nos aseg
iró con rab
lo que yo quiero? ¿
na expresión mezcla de
, a agradar al esposo. Créeme, con eso la vida se vuelve más llevadera. Si Darío escogió con ta
en la garganta-. No me conoce, mamá.
ernura, aunque sus palabras eran u
menos aprenderás a vivir en paz c
meninas. Quiso gritar, pero solo pudo apretar los labios hasta que su madre se levantó y salió d
su voluntad. Allí estaba, frente al espejo, rodeada por su madre, sus hermanas y varias mujeres que no c
qué boni
o los aretes, hac
. ¡Qué cuidado al escoger todo, Amelia,
a voz, firme y satisfecha, se adelantó. Era u
dedicó bastante tiempo para elegir
que no escatimó en na
bordado con encajes parecía envolverla como una prisión de lujo. Su cabello recogido en rizos caía con gracia sobre los hombros, y la corona
le, con el porte solemne de quien lleva el peso
ora,
inmóvil, con los
no q
n firmeza, avanzando unos pasos-
despacio, con lo
ma! ¿Acaso no lo entiende
como si cada palabra de ella
cumplirás con lo
vando las uñas en la
da para pagar tus
on el rostro endurecido, la tomó del brazo. Am

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