img El Heredero Oculto del CEO Despiadado  /  Capítulo 5 El Nuevo CEO | 10.64%
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Historia

Capítulo 5 El Nuevo CEO

Palabras:1768    |    Actualizado en: 23/03/2026

ado como el golpe de un mazo dictando sentencia. Elena se quedó de pie, paralizada a un metro del u

de cristal blindado que ofrecían una vista vertiginosa de los rascacielos circundantes, paneles de nogal oscuro y un suelo de mármol negro tan pulido q

su guarida. No le ofreció tomar asiento. Se aflojó ligeramente el nudo de la corbata

pulcral de la habitación-. Tienes una máquina de espresso italia

uxiliar de cristal, sintiendo cómo el cuero sintético desentonaba violentamente con el luj

mecánico. «Sobrevive», se repetía a sí misma, con el rostro de Leo proyectado en su me

que lo envolvía. Lo había preparado cientos de veces en el pasado, en las mañanas perezosas cuando se despertaba

aminó hasta el escritorio de obsidiana y dejó el café frente a él, cuidand

é, seño

la a sus labios. Tomó un sorbo. El silencio en la habitación era tan denso que Elena p

ca de desagrado, lo cual era, vinien

dedos-. Ahora, pasemos a asuntos más sustanciales. Tienes exactamente tres minutos para explicarme dónde te has estado

omenzado. Si él tiraba del hilo correcto, descubriría a Leo. Tenía que s

Usted me despidió. Me arrojó a la calle sin referencias y manchó mi nombre en el sector financiero. Hice lo q

ntanales. Rodeó el escritorio con pasos felinos y se detuvo a escasos centímetros de ella. El aroma a sánd

s, los vendiste a Kovach Enterprises, causaste pérdidas millonarias a mi compañía... ¿y esperas

fuego de la injusticia ardiendo en los suyos-. ¡Le dije hace cinco años que era inocente y se lo repito ahora! ¡Alguien usó

damente fue enterrada bajo una gruesa capa de control absoluto. Levantó una mano y, con un movimiento rápido y posesivo, a

odía sentir su respiración cálida rozando sus labios-. Ya no soy el imbécil enamorado q

emitió un zumbido agudo. Alexander soltó su mentón lentamente, como s

stá reunida en la Sala A. Lo están

brando su máscara de hielo-. Toma una tableta electrónica, Elena. Vas a acompañarme. Es hora de que v

paso por detrás de Alexander mientras i

esa estaban sentados en tenso silencio. Hombres y mujeres con trajes de miles de dólares, relojes de lujo y años de experiencia

cabecera. Elena se situó de pie, en una esquina osc

ulos. Dejó caer una pesada carpeta sobre la mesa

ó Alexander, su voz baja, aterciopelada y letal-. Son un insulto a la inte

lado de sudor, se aclaró la garganta desde el otro ext

ro global sufrió retrasos por la huelga en los puerto

insoportable-. Señor Vargas, a mí no me pagan por excusas, y yo no le pago a usted para que

. los protocol

taminó Alexander con frialdad-. Porque a partir

los ojos de par en par, atónita. Vargas llevaba

niéndose de pie, rojo de furia e indignación-.

solo centavo de esas acciones -replicó Alexander sin inmutarse, haciendo un leve gesto con la mano hacia la puer

a e implacable del CEO, su espíritu se quebró. Agarró su maletín y s

sobre los once ejecutivos restant

-. Volkov Industries ya no es un club de campo para ejecutivos conformistas. A partir de

control absoluto, no con gritos, sino con la eficacia quirúrgica de un ve

da, y comprendió con absoluta claridad la magnitud del peligro en el que se encontraba. El hombre del que se había enamorado, el hombre que le habí

ba a su ent

pila de expedientes técnicos de casi medio metro de alto y los dejó caer sobre un pequeño e

ntifica las ineficiencias que el idiota de Vargas pasó por alto -ordenó él, abo

. Era un trabajo que a un equi

na -susurró, sintiendo que el agotamien

torio de ella, apoyando las manos a ambos l

tengas para esta noche, Elena. Porque no saldrás de este edi

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