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Historia

Capítulo 3 LA SANGRE DEL IMPERIO II

Palabras:2530    |    Actualizado en: 17/03/2026

Fun

s y miembros del clero ocupaban su lugar con expres

la mirada fija en los dos ataúdes frente a él. No llora

azadas con fuerza. Thessalia permanecía junto a ella, la única

primera fila. Kassandros estaba a

visto así -mur

sintió

tamp

ado imperios y aplastado reinos, estaba roto. Y un

en los aposentos, analizando mapas y estrategias sobre la guerra en el frente. La capital estaba en tensión, los

alquier intento de incursión marítima -dijo Orión, señalando un punto

s frunció

s están inquietos, y si sienten que el ejércit

asándose una man

gar una partida en la que

pió. La puerta se abrió sin previo aviso, sin que ningún guardia anunciara la ll

elas. El largo manto negro apenas dejaba ver su rostro, pero la prese

-murmuraron

o severo del emperador Magnus IV Stormhaven. Sus ojos cans

ades aquí -dijo con voz grave

la cabeza, a

ío

bandonar el protocolo, tar

dre

do, apenas una sombra de lo que alg

o verlos

ban los mapas, observándolos en silencio. Lu

ría haberlos recibido así. Sé q

-dijo Orión de inmediato-. Ha

cio y luego señaló e

rente. ¿Cómo es

tercambiaron una mira

los están inquietos, la guerra se prolonga y el co

escapar un g

nfío e

os sobre la mesa, inc

o estam

te un largo momento, no dijo nada, como si estuviera

heredero. La estabilidad del Imperio depen

habitación como una losa. Kassandros también pareció

o para preservar Stormhav

-añadió K

s y luego, por primera vez en mucho t

me tranquiliza más

ó haci

ediato. Necesito que patrullen las calles y manten

intió si

arreglos a

y miró a ambos con una som

scuros... pero juntos,

n la noche, dejando a Orión y Kassandros con una sensa

los caídos, y las ciudades se llenaron de banderas negras, templos en silencio y ceremonias de homenaje. Las c

tente, y el emperador Magnus IV sabía que no podía postergar más el asunto. Así que, al octa

ales veteranos y miembros del alto clero. La pregunta que flotaba en la sala era la mi

o tenía experiencia militar ni el favor de los altos mandos del ejército. Se mencionó a algunos nobles con lazos sanguíneos lejanos

entó el duque de Varest-. Ha servido fielmen

la corona -replicó un marqués-

que la idea de Kassandros como heredero era debatida, la mayoría

zgo en el campo de batalla ha asegurado victorias cruciales. Los so

amiento. Cuando la discusión se agotó, se puso de pi

nció con su voz grave-. Orión

zar su nombramiento se celebraría en uno de los lugares más solemnes del Imperio: el Santuario de los

onia del

y figuras de renombre. Su arquitectura imponente, construida con antiguas piedr

su sobrino Orión, y su hijo bastardo Kassandros. Aunque Kassandros no tenía derechos legítimos al trono,

firme hasta quedar frente a Orión. Lo miró a los ojos durante unos segundos, c

roclamó a Orión Stormhaven

peso de la corona sobre sus hombros, y cuand

nto carmesí, el símbolo del heredero. Los nobles presentes aplaudieron con respeto

emonia aún

resentes y, con un tono aún más gr

sangre de los Stormhaven debe mantenerse pura y fuert

ral. Muchos sabían lo que venía, pe

irá en matrimonio con mi sobrino, Orión Stormh

ura, aunque su mandíbula se tensó levemente. Thessalia, en cambio,

recían incómodos. No era raro que las casas imperiales recurrieran a este ti

tuvo la vista baja, aceptando sin palabra

atrás, observando a su

los Stormhaven. Nuestro

e ese día, Orión no solo era el heredero del Imperio, sino que tenía

e digno de la ocasión. Largos tablones de madera oscura rebosaban de carne asada, frutas exóticas y copas de vino especiado. Las luces

os con la frialdad de quien solo acata órdenes. Orión se mantenía en su lugar, a

sde hace tiempo. Lo que realmente lo inquietaba

y plata, se mantenía apartada, conversando con un pequeño grupo de nobles. Su porte era sereno, s

istentes hasta llegar a ella y, sin preocuparse por

itamos

del gran salón, hacia uno de los balcones del santuario. Desde allí, se veía la noche exten

acia ella, cruz

n tranquila después de

una leve sonrisa, sin

e lo e

ión frunció el ceño

ndose contra la bar

o una decisión, como lo ha hecho toda su vida. No esper

retó la

n convertido en piezas de ajed

amente, con una expre

res. Ni tú ni yo. Mi destino siempre ha estado ligado al

abía que tenía razón, pero eso no h

usto -mu

leve sonrisa y apoyó

con esta responsabilidad, al menos n

un suspiro. Quizás no cambiaría nada que se resistiera,

sobre sus hombros. La música continuaba, las copas seguían alzándose en brindis, y las sonrisas falsas se esparcían entr

presa. A su lado, Kassandros permanecía en silencio, su expresión tan inescrutable como siempre. Orión se preguntó qué pensaría

or alzó su copa y habló con su

dor. Que su liderazgo sea fuerte, su esp

algunas miradas tensas, especialmente entre los más ancianos

dor posó su mira

ija, quien cumplirá con su

sa cortés, pero Orión sintió su mandíbula

desencajado. Se arrodilló ante el emperador y entregó un pergamino lacrado con el sello del Consejo d

do el emperador chasqueó la lengua y cer

la paz nos

ros intercambia

-preguntó Kassandro

mino sobre la mesa y

standartes de guerra otra vez. Uno de nuestros

Aquella región siempre había sido problemática, pero

se puso de pie con u

Kassandros, nos reuniremos de i

leto. Los tiempos de fe

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