img La cura del Rey Alfa: su compañero perfecto  /  Capítulo 3 3-Día del despertar del lobo | 6.67%
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Historia

Capítulo 3 3-Día del despertar del lobo

Palabras:1221    |    Actualizado en: 01/03/2026

e vista

tres s

un vuelco en el pecho y un zumbido nervioso me recorría el estómago mientras me alisaba el vestido por tercera

onrisa, enderezando los hombros, esperando una mirada de confianza. Me había preparado para este día durante meses: el vestido perfecto, la postura cuidadosamente

mana, llenaban la puerta. La mirada de mi padre se detuvo, más de lo habitual. Me alisó u

ro podía oír el tono cauteloso que subyace en

ron a los bordes de mi vestido como si me aferrara al cor

lobo vendrá esta noche a la ceremonia -dijo en voz baja-. Confía en ti misma. Confía en el vínculo. No lo apresures. Deja que te

a calidez que me hacía hormiguear los dedos y golpear el suelo con los pies, casi desbordándose. No era solo Aurora, su hija, sino

tu lobo esta noche para que toda la manada te respete como su

Seraphin

a mi alrededor, el toque de color en mis mejillas. Había algo diferente hoy: algo en cómo mis hombros se sentían má

trocedió. «Avanza con valentía, Aurora. La luna observa. La manada observa.

eraphina se quedó. Ayudá

---

luna comenzaba su lento ascenso, pálida y luminosa. El pulso me golpeaba las costillas, un tamborileo fre

onadas llen

us familias se reunían en el lugar de la ceremoni

os decididos, el vestido balanceándose ligeramente

en mi rostro. Estaba de pie cerca de la plataforma de piedra, con la luz dorada de la luna brilla

paz de contener mi al

el cabello hacia atrás; su tacto era cálido y recon

on la voz llena de confianza. "Esta noche... ¡

ojos. "Lo sé y también estoy ansioso", d

es de saludar con la mano lentamente. Mis labios se cu

brillante, observando. Levanté la cara a mi pesar, pregu

riam subió a

estarán en el umbral entre la juventud y el destino. Cuando

on los

nte hembra gris. Una loba más pequeña con marcas plateadas. Cada

ORA

é del lado del Alfa Mabel después de q

si la tierra misma se resistiera. Levanté la cara hacia la luna, cerré los ojos y apreté el pecho con las manos. No pasó nada. Mi corazón latía con fuerza, a un ritmo irregular

más allá del ritmo constante de mis latidos, más al

seg

ó, denso y sofocante,

í: sonidos agudos e inquietante

ula apretada y los hombros tensos. «Por

instante... luego se deslizaron hacia la anciana Mariam. Un frío vacío me recorrió el pecho, oprimiend

a los pliegues de mi vestido, con los nudillos bl

na Mariam, las palabras apenas se me escaparon

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