Vista: N
arma en mi sobaquera y el peso del odio en mi pecho. Para el mundo, yo era Noah, un ex-operativo de fuerzas especiales con un historial impecabl
ngre de hombres como mi padre. Un mayordomo de expresión gélida me guio
aban dos
fectamente recogido y una mirada que analizaba todo como si estuviera frente a un tribunal. A su lado, Mar bebía café con una actitu
ironía afilada-. Espero que seas más entretenido que el anterio
or dentro imaginaba cómo se vería ese salón envuelto en llamas-. H
ueña, mucho más suave que la de su hermana, aunque
días, así que el mando de la casa lo tengo yo -explicó con tono pausado-. Sien
ndo directo al grano. Necesitaba
y dejó la taza sobre el pla
la gana. Ha estado tres años en ese internado de Suiza y regresa cuando
re te contrató específicamente para ella porque Emma es... especial. Tiene un carácter difícil de dominar. No sabemos con exactitud cuándo aterrizará s
hasta que ella llegue, supongo -dije, ocultand
ue pudiera ver el brillo de desafío en sus ojos negros-. Ámbar y yo sabemos cuidarnos solas. Tú estás aquí
mprano tendría que romper. No me importaba cuál de las tres fuera la primera en caer bajo mi vigilancia. Para mí,
evisando las cámaras -respondí, dán
había mentido. Una de ellas había condenado a mi padre. O quizás fue
dientes. "Porque cuando el confeti rosa aterrice, e

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