ive Droite, con una vista panorámica de un París que parecía arder bajo las luces nocturnas. El silencio allí ar
bía proporcionado. Se sentía extraña. El peso del cuchillo ya no estaba en su espalda, pero la presencia de Louis
, su voz resonando como un eco aterciopelado en la estancia-. Pero yo vi cómo saliste de
la alfombra persa. Se detuvo a pocos centímetros de su
eño. Todos cometen el mismo error -respondió ella con una frial
stro de Ana, deteniéndose en sus labios. No había rastro de la brutalidad de los hom
o palabras de amor, porque ninguno de los dos creía en ellas. Se dirigieron a la habitac
a. El aire entre ambos estaba cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de la nuca de Ana
costado de ella, hasta que sus dedos rozaron la pierna izquierda. El contacto fue suave, pero firme. Ana no retrocedió. A diferencia de la
dez de su intimidad. Ana soltó un suspiro entrecortado, cerrando los ojos. Sintió algo completamente diferente: por pri
iernas de Ana con una elegancia depredadora. Ella echó la cabeza hacia atrás, agarran
hombre que sabía exactamente cómo reclamar lo que quería. Ana sintió que su cuerpo, que antes odiaba por haber sido el escenario de tantas desgracias, ren
da, su voz perdiendo toda la dureza y con
ouis se levantó entonces, despojándose de lo que quedaba de su ropa. Su cuerpo era una colecci
e un movimiento fuerte, decidido, que llenó a Ana por completo. Ella soltó un grito que llenó la
n el de ella mientras se movía con un ritmo que amenazaba con rompe
ndo a ella. En cada embestida, Ana sentía que estaba dejando atrás a la estudiante universitaria, a la víctima de su padrastro, a la hija de una muje
austos, entrelazados entre las sábanas de seda negra. El su
o el latido constante y fuerte de su corazón. Él pa
-preguntó él e
es demoníacos por el odio, ahora br
. Ahora solo siento que el mundo es
. Sabía que no se había equivocado al salvarla. Ana no era
nador tenía amigos poderosos que vendrán a buscarte. Pero para cuando lleguen, ya no serás una fu
esadillas con Erick. Soñó con tronos de acero, con el perfume de París y con el hombre

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