vista d
ietud previa al amanecer pesaba en el aire. Alcancé el dispositivo, mis dedos rozando
nulado. "Bebé Ríos", decía el pie de foto, seguido de una carita son
to dirigida hacia mí, inclinándose, presionando un tierno beso en el vientre hinchado
da. Las imágenes se grabaron en mi retina, quemándose en mi alma. No hab
z una cosa vibrante, era ahora un peso frío y muerto en mi pecho. Ella quería una reacción. Querí
sajes. Estaba con Sofía, jugando al padre devoto, al amante comprometido. Yo y
iseñador, cada posesión material que él me había dado. Quemé viejas fotografías, cartas, cualquier cosa que contu
copia de la Constitución de mi padre, y una pequeña y descolorida foto de él y mi
oscuridad. Me vestí rápidamente, mis movimientos precisos y deliberados. Estaba lista. Bajé la gran es
saje anónimo. Otro giro del cuchillo
Finalmente, seré yo la que esté a su lado". Siguió otra foto. Un ultrasonido, inconfu
ontinuaba su mensaje, teñido de una alegría malicios
ocando mis labios. *Más fácil para
las palabras extrañamente huecas. "Que todos tus deseos se hagan re
, silencio. Un silenci
a, su motor un bajo ronroneo.
caer, golpeando suavemente los vitrales de la capilla cercana. La misma capilla donde Alejandro y
a se intensificó, borrando el mundo exterior. A través de la ventan
cidencia? ¿O otro cruel giro del destino? Conocía es
coche, su delicada figura ahora innegablemente redonda, un vestido de maternidad aferr
ella se rió, un sonido brillante y alegre. Mi visión se volvió borrosa de nuevo, pero es
tual de político. Y entonces, su mirada se encontró con la mía. A través del cristal r
una máscara de puro shock. Confusión, incredulidad, y luego, un horror cre
a. Ni ira, ni dolor, ni amor. Solo un vasto y resonante v
to silencioso tragado por el aguacero. Corté el último hilo. E

GOOGLE PLAY