img CENIZAS DE UNA LUNA OLVIDADA  /  Capítulo 4 El precio de la venganza | 18.18%
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Historia

Capítulo 4 El precio de la venganza

Palabras:1090    |    Actualizado en: 31/01/2026

continente que se hundía, y yo, a pesar de las cicatrices, permití que sus manos trazaran los mapas de mi dolor. Pero la tregua de nuestros labios se rompió cuando

aban inyectados en sangre, no por el cansancio, sino por la furia contenida de un lobo que ha descub

ad de un Alpha, pero esta vez teñida de una ternura que me desgarraba-. Entrarás como lo que sie

minuto que paso aquí es un minuto que le robo a su aliento. E

vimiento brusco. No fue una llamada

Quiero a la madre de Lyra en la suite presidencial antes de que el sol toque el ho

í que la red de seguridad que me habían arrebatado volvía a tejers

orno de

u mano estaba entrelazada con la mía, sus dedos largos y fuertes ignorando el hecho de que mi mano estaba manchada

ue ahora la miraban con una mezcla de horror y fascinación. Al vernos entrar -al verlo a él, imponente, y a mí, erguida a su lado-, su rostro se desfiguró. La be

e-. ¡No puedes creerle a esta mujer! ¡Ella te está manipulando co

s cristales de las botellas carísimas tintinearon y los invitados retrocedieron, buscando las sombras. Se detuvo fre

un eclipse de sangre que ha durado demasiado tiempo. Siete años viví en la mentira que tú escribiste. Siete añ

s lágrimas arruinando su maquillaje de Ch

ilia Blackwood retira cada centavo de tus cuentas. Tu linaje será borrado de los registros de la manada. No habrá compromiso, no habrá perdón. Será

io de la

lo, pero nadie se acercó a consolarla. Los mismos que antes la e

del caos. Caminó hacia donde yo estaba y, frente a todos, se arrodilló de nuevo. Pero

de esa noche. Pero te doy mi vida, mi fortuna y mi alma como pago inicial. Quédate conmigo. No como mi compañera, sino como m

ue me había destrozado y que ahora intentaba reconstruirme con sus propias manos sangrantes. El romance o

no descansara sobre su mejilla-. Y todavía está lloviendo en mi cora

que pareció mover las montañas. Se puso de pie y me envol

s espera. Y mañana... mañana el sol finalmente s

erminado, pero la danza entre el Alpha y su Luna apenas comenzaba. Las cenizas seguían ahí,

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