img La niñera es la nueva obsesión del CEO  /  Capítulo 3 EL AZAR QUE SE CONVIRTIÓ EN DESTINO | 4.92%
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Historia

Capítulo 3 EL AZAR QUE SE CONVIRTIÓ EN DESTINO

Palabras:1052    |    Actualizado en: 31/01/2026

sta de Marí

rgencia, el suelo ligeramente inestable bajo mis pies y las luces que parecían más

urgencia, vi unas manos masculinas sobre las mías. Y entonces sentí el cuerpo detrás

sintiendo cómo m

nte hubieran salido, porque ya no conseguía coordinar voz y movimiento

ado largo. Luego respondi

el baño equivocado. ¿O me está

sigue a una ilusión óptica? Tú sigue

puerta, frotándose contra mí. Sentí su

mordió el lóbulo de mi oreja-.

is desaparecieron. Sí, estaba empapada. Pero era

parpadearon. Una vez. Dos. El sonido de la discoteca pareció ahogarse,

rpo reaccionó antes que cualquier pensami

tores. El espacio de la cabina se volvió demasiado peque

mi oído, como si supiera que

a estarlo. Porque a partir de ese momento, nunca aceptaría nada menos que aq

claridad casi cruel que entregarle mi virginidad a aquel hombre no sería un error. Sería mi h

nuncio. Sin promesa

e vista

ebería haber abierto la puerta. Debería haber pen

quel gesto simple, asustado

espiraba, en que se aferraba a mí, en que su cuerpo respondía al

ontrastando con el calor que subía de nuestros cuerpos. Mis manos a

do. Exploraba cada centímetro de su boca, se

. Y yo quería hacerlo todo a la vez: besar

-murmuró entre mis labios

mientras una mano bajaba para subirle el vestido hasta la

pudiera más. Tradicionalmente habría apartado la braga a un lado y lo habría hecho sin quitár

": me arrodillé en el suelo de la cabina de un baño público por un coño. Sí, lo h

r público, con gente entrando y saliendo? Y lo más loco de todo era que yo estaba vuelto loco con la f

olo para asegurarme de que era tan delicioso como había imagin

mayores y menores. Ella, por su parte, entrecerraba los ojos e intentaba mantener

ió débil, temblorosa-. ¿M

a, aún con la

en películas porno... y

ecepcionó un poco. Era muy

¿qué tenía

ró los ojos con fuerza. En ese mismo instante, sus manos se enredaron en mi p

el cuerpo se relajó. Los movimientos de su pecho subiendo y bajando parec

amente y abr

. incr

, ¿verdad? Pero sí, lo pensó. La chica hizo ademán de recoger l

miró, ate

arme así, verdad?

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