/0/21705/coverbig.jpg?v=e478fd18572e71e790a7cd88f9b3ab02)
co defecto? Era terriblemente malo con la cámara. O eso creía yo, hasta que una foto viral lo
ba secretamente embarazada, me abandonó
girme que le enviara mi cámara de 300,000 pe
a en tus sesioncitas de influe
s estaba sentada sola en una clínic
zumbaba en el silencio. No era sol
úmero de mi abogado ya estab
ítu
Sofía
abía construido desde cero, cada costura, cada pose, cada edición a altas horas de la noche. Mi esposo, Alejandro, era
perdiendo con el fondo", suspiré, ajust
fruncido en una caricatura de concentración. "¿
ara alrededor de mis hombros. "Está borrosa, Ale
se por su rostro. "Ok, quizás un poco borrosa.
algo más que manchas abstractas cuando yo necesitaba una foto nítida para un contrato con una marca. Era adorable,
iqué, tratando de acomodar mi teléfono para capturar
n mí, rodeando mi cintura con su brazo. "Mi traba
depender de mi propio equipo, de mis propias habilidades. Sus torpes intentos se habían
d. Una foto espontánea de Alejandro y yo, tomada por un fan en una gala de beneficencia, se había vu
eran lindos, o a veces, un poco sarcásticos sobre m
indos, pero en serio, ese güey
odría ver dentro de tu alm
adie más se le hace conocid
do? Alejandro era una persona priva
: "¡No mames, es CLAROSCURO! ¡El legendario fotógrafo independiente
antasma, un genio, un artista cuyos retratos en blanco y negro habían definido una era, capturando la emoción crud
ron en cascada, un to
r! Recuerdo su trabajo. Tan
oth, esa supermodelo. Cada foto
ito de ella. Dijo que no podía fotografiar a
e que no podía enfocar un lente ni para salvar su vida. Claro
imagen de un hombre que no conocía. Un hombre con
ía por completo por ella. Dijo que
ra de ella. La ayudó a llega
to. Todas las bromas sobre su incompetencia, todas las veces que se había negado a fotografiar mis proyectos cruci
tra de sombras y luz, sus ojos ardiendo con un fervor casi religioso. El crédito de la foto había sido "Claroscu
rtista". Viejos foros de internet analizando las últimas exposiciones de Claroscuro, cada pieza un testimonio de su adoración por Isolda. Una fot
de la universidad", una reliquia que no se atrevía a tirar. Incluso había llorado una vez, tarde en la noche, sosteniendo esa misma foto, murmurando sobre "oportunidades perdidas". To
o por su carrera. Est
acables, y ahora se estab
ía. No tie
una leyenda y que ni siquier
lazo? ¿Un clavo qu
ndo al hombre en la foto viral, su mirada intensa, sus manos de artista. ¿Era este realmente mi esposo? ¿El hombre
erla brillando. Era inquietantemente similar al atuendo que había usado la semana pasada para una sesión de prueba, un atuendo que Alejandro
o entró en la sala. "Oye, mi amor, ¿qué pasa? Pareces como si hubieras visto u
"Alejandro", mi voz era un susurro tembloroso. "¿Me tomarías las fo
e son terribles. Necesitas un profesional para eso". Su mirada era suave
Isolda Roth. Su nombre brill
imperceptiblemente. Agarró su teléfono de la mesa de centro. "Discúlpame un s
da de una preocupación que no le había escuchado dirigida a mí en semanas. "¿Qué? ¿Nueva York? ¿Un desfi
esuelto. "Sofía, yo... tengo que irme. Isolda me nece
añana. Nuestro aniversa
sario, Alejandro", logré d
n sus ojos. "Esto es importante, Sofía. Está en un aprieto. Lo entiend
sayuno de aniversario que había preparado meticulosamente enfriándose, sonó mi tel
ara vieja se dañó, e Isolda... necesita un lente específico. Tienes esa cámara de nivel profe
s años, un generoso regalo de aniversario. "Alejandro, es un eq
a necesita". Su voz era plana, desprovista de cualquier calidez. "Y honestamente, de todos mod
o se revolvió, un tipo diferente de náusea ahora. Esto no era solo por una cámara. Era p
on los dedos. "Alejandro", dije, mi voz peligrosam
dió por una eternidad. Luego, un suspiro. "Sofía,
la cocina silenciosa. Mi mano cayó, el teléfono golpeando contra el mármol frío. Mi visión se nubló, no
retrasado. Dos semanas de retraso. Tenía una cita con el médico esta tarde,
o desayuno de aniversario, luego mi teléfono, donde el nombre
a rosa blanca que Alejandro me había dado esta mañana, un gesto de último m
qué un número que había guardado hace semanas, un número de una clínica que había investigado discretamente. Mis dedos t

GOOGLE PLAY