ista de Je
me atravesaron, cada
¡Promiscua! ¡Lo h
upación en su
as sábanas, el tenue patrón del papel tapiz. Era el dormitorio
ico. Un dolor agudo estalló en mi pecho, una sensació
habían circulado. Alguien había estado
de la graduación. Me había engatusado, encantado, me había llenado de alcohol hasta que mi resistencia se desmoronó. Había
otra vez, perdido en su propio deseo retorcido. Y yo, en mi
voz cortando la niebla de mi shock. Me agarró
trol de daños. Su reputación. La reputación del señor R

GOOGLE PLAY