img De las Cenizas al Altar: Su Venganza  /  Capítulo 3 | 14.29%
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Historia

Capítulo 3

Palabras:1343    |    Actualizado en: 26/11/2025

vista d

a un mundo aparte de la sofocante grandeza de la mansión de Héctor. Observé cómo mi abogada, la Licenciada Davies, una mujer cuya calma desmentía una mente afilada como una nava

e. Deslizó los papeles de vuelta sobre la mesa pulida-. Firmó el acuerdo de divo

obló las rodillas, me invadió. Libre. La pala

ecir, mi voz ronc

guntó, sus ojos e

s. Una nueva vida, lejos del alcance sofocante de la élite de la Ciudad de México. Pero primero, un acto final de justicia. Había estado reuniendo en

omo una pluma en mi bolso, pero más pesado que el oro. Mi plan estaba trazado. Empezaba de n

n la luz de las velas, el tintineo de los cubiertos resonando en el espacio cavernoso. Héctor y Anika estaban en la

asiado amplia, demasiado dulce-. ¡Únete a nosotros! Héctor preparó su famo

revolvió. Héctor sabía que no toleraba la comida picante. También sabía que s

mi voz firme-. Solo vine

nte me miró, s

no tocando suavemente su mejilla-. Mi dulce Anika, te ves absolutamente radiante esta n

voneó bajo

elina, te ves un poco pálida. ¿Estás segura de que no deberías comer algo? ¿O quizás un buen tazón de sopa ca

i voz seca. Saqué mi teléfono del bolsillo, toc

a de Anik

no, y caminó hacia mí-. Toma, de verdad deberías probar un poco

alergias eran reales, una reacción severa

. Se abalanzó, forzando e

una probadita. -Su agarre e

aer el tazón. Se hizo añicos en el suelo de mármol, el líquido picante

la había tocado. Se derrumbó en los brazos de Héctor, las lágrimas b

máscara de preocupación por ella. Ni siquiera miró mi piel

Anika, sus ojos lanzándome una mirada triunfante-.

ba caliente, salpicó! -grité, mi vo

e estás molesta, pero herirme deliberadamente... Te perdono, por supuesto, pero fue algo terrible de hacer

u actuación era enfermizamente brillante. Quería gritar, arrancarle su

as lágrimas falsas. El aire fresco de la noche fue un bálsamo para

os cerró el paso. Dos hombres corpulentos, con los rostros enmascarados, me sacaron del vehículo. Grité, pero fue ahogado, perdido en el rugi

una oscuridad fría y opresiva presionándome. El aire estaba cargado de olor a moho y algo más... algo vivo y q

orsionada por un altavoz, resonó

que puedes irte? -Su voz era escalofriantemente tranquila-. Intentast

os pequeños movimientos furtivos. Mi corazón era un pájaro frenético atra

era un sollozo ahogado. Me acurruqué en posició

nuó la voz de Héctor, fría e inquebrantab

agudo salió de mi garganta, crudo y desesperado. Me agité salvajemente, mis manos golpeando mi piel, tratando de desalojar a las criaturas imaginarias

Las palabras eran incoherentes, perdidas en el estruendo de mi propio terror. Pero nadie v

nvadió. El mundo se inclinó, giró. Oscuridad. Me tragó por completo. Pero en ese breve y agonizante momento antes de la inc

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