img Mi esposo millonario: Felices para siempre  /  Capítulo 3 No me toques | 0.25%
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Historia

Capítulo 3 No me toques

Palabras:1205    |    Actualizado en: 26/03/2025

ez, ahora estaba desordenado. Su encanto había des

aleta, con movimientos decididos: parecía que estaba disp

con la mirada los escombros de la casa, con una expre

lzando la voz por la frustración. "Me f

nto por controlar su ira y sentenció: "¡Te do

giró lentamente para encararlo. Su expresión era fría y distante;

se rompe, es imposible repararlo. Nunca vuelve a ser

ontestó él, frunciendo aún más el ceño y

guntó si de verdad no la había entendido. Pensó que tal

iente de que su ternura siempre había estado destinada par

? ¿En algún punto te detuviste a pensar en mí? Me humillaron hasta el cansancio, ¿y aun así crees que solo estoy haciendo un

enterrado profundamente en su interior fluyó a la superficie; se le nubló la vista conforme las lágrimas brotab

ugaz; desapareció tan rápido como llegó. Luego desestimó es

pero ella siempre lo había perdonado, así que no veía la razó

to, la mujer cedería como siempre; a fin d

pó y la remplazó con una sonrisa se

n un tono suave y condescendiente. "Pero no por eso tienes

: "Vamos, pórtate bien. Ya te desahogaste, así que no hagas esto más grande, ¿de acuerdo? Es más, te propongo algo. Elegi

, en sus ojos había una indiferencia escalofriante. De hecho, parecía que estaba seguro de que el

ra. Le había dado tantas oportunidades que ahora

ía y distante. Sin decir palabra, se quitó de encima

es los pelos de punta", d

ojos de par en par por la sorpresa, pu

continuar con nuestra relación. Vine para mudarme", continuó

or su rechazo, frunciendo el ceño mientras

, respondió Linsey

hueca, como si acabara de escuchar un

rrir, ni una red de seguridad en la cual apoyarse. Aparte d

entero había girado en torno a él, así qu

ito de "mudarse" como una artimaña p

abrió la boca para hablar, pero una

Joan

aire la voz de la recién llegada, que en ese momento entraba en el departamento. Cuando sus ojos se

ar qué hago aquí? La verdadera pregunta es qué haces tú aq

o unos días", explicó la otra, bajando la mirada, fingiendo inocencia y vergüenza. Luego, sus ojos se posaron

o tiene sentido. Si estás molesta, puedes hablar conmigo. Me disculparé s

serio?", soltó la aludida, con una sonrisa

ctuación. "Por supuesto, si esto te ayuda. De hecho, estoy di

ensanchó, aunque en sus ojos no había calidez, solo un frío calculador. "Ya

etada rompió la tensión de la habitación, justo cuando la palma de Linsey se im

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