img Tuya para siempre  /  Capítulo 5 La niña | 6.85%
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Historia

Capítulo 5 La niña

Palabras:1913    |    Actualizado en: 06/09/2023

o observo a la Nana bajar por las escaleras apresurada y con gestos

Nana? ―pregu

o pasa desapercibida ante mis ojos. Lo que significa que es

argo, noto cierta emoción en el tono de su voz―, hay algo que de

ido día aún no termina. Me paso las manos por el rostro con hastío y fastid

ado―, guíame y muéstrame ese as

escalones hasta el segundo piso, atravesamos el corredor y llegamos a su cuarto. Me mira a los ojos con preocupación antes de girar la perilla y empujar la puerta. Me paralizo en el instante

bes bien que no soporto, que perturben la paz y la tranquilidad de este hogar ―sigo el sollozo de la criatura―. Me gusta disfrutar d

a mí durante casi toda mi miserable vida, pero hay ocasiones en las que colma mi paciencia; mot

inguna circunstancia. Por supuesto, siempre termino perdiendo mis discusiones con ella. Hace lo que se le da la real gana, porque es la única pe

teléfono ―me explica, pero siento que esto no me va a gustar de ninguna manera, tengo el presentimiento de que ya tomó

l limbo y sin entender cuál es esa cuestión tan delicada e importante a la que se refi

a servidumbre. Ruedo los ojos e inhalo una profunda bocanada de aire. Me encargaré de averiguar a quién de mis empleados le pertenece, para advertir

ros? Lo levanta entre sus brazos y lo acurruca sobre su pecho―, pero no sé si te va a gustar lo

e tomará esta conversación. Mi respuesta es un rotundo y determinado, ¡no

casa, Nana ―le digo en tono decisivo―. No voy a aceptar que la t

to del lenguaje que acab

e apunta con su dedo amenazante―, no creas que, porque eres

rdo la

ase―. Esa pequeña criatura que ves entre mis brazos no es la hija de ninguno de nuestros empleados ―entrecierro los ojos

Sus palabras me impactan directo en la boca del estómago. Me quedo sin

s pasado de la raya ―le suelto en medio de mi desconcierto―. Por mucho que te ame y te agradezc

Me conozco bien y puedo decir palabras de las cuales termine arrepentido. Se aleja de mí sin pronunciar ni una sola palabra más. Trago grueso, no quiero q

e no me gustará de ningún modo lo que voy a encontrar en el interior. Lo abro y saco la hoja que contiene. Siento que

mos; trajo consecuencias inesperadas. Aunque no tuve el valor para deshacerme del embarazo, tampoco tengo la intención de convertirme en una madre en este momento de mi vida. Tengo sueños por cumplir y una vida para disfrutar y, ella, se interpone

documento notariado en el que renuncio a mis

rdas tu tiempo intentando encontrarme. Me iré le

emblan como gelatinas o terminaré cayendo y estrellándome de cara contra el suelo. No entiendo ni una pizca de esta loca historia. Es imposible que sea el padre de esa niña, siempre me he cuidado para

tás

ándola y todas las señales me indican que est

―, pero puedes invitarme un trago y acom

a noche ten

nos las venas con todo el licor ingerido, salimos de allí y e

a desesperada por mis toques. Sus gemidos me ponen a mil y provoca que le arranque sus bragas y las haga pedazos en un santiamén. Abro mi pantalón, alzo su pierna y en un par de segun

nándola con mis fluidos y haciendo que estos se escurran por sus muslos mientras la siento convulsionar entre mis brazos. Sin embargo, la emoción se acaba una vez que la b

donada como si fuera una cualquiera. Nunca imaginé que una noche de placer dese

una maraña de pensamientos confusos. En este preciso instante no puedo

y!, por

o hay nada que pueda decir al respecto. Por ah

indico abrumado―.

re el sillón, agobiado por la súbita e inesperada revelación. Sostengo el vaso lleno en una de mis manos y la botella en la otra. Me bebo el trago de un empujón y vuelvo a llenarlo una y otr

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