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Historia

Capítulo 10 Amaya

Palabras:1597    |    Actualizado en: 04/05/2023

para mí fue un c

al respecto, no cuando pa

expresión de querer marginarme ante el resto, sino que hizo una especie de formalización pública de que ellos me a

mí misma, fuera d

que un mafioso de la Camorra, la mafia italiana más violenta de todas, se casaría con una de sus hijas. E

lto, pero la vida me había enseñado que lo que pare

mera en la que tenía que hacerle cara a toda la situación que significaba se

í que cuando mi padre nos acercó para presentarnos al novio, tomé el silencio de Ima y Dai como una declaración de no aceptación, luego este hombre con una extrañ

í o pensar que eso me de

ra esto: no te

más que una condena. Por eso mismo, decidí morderme la lengua antes de explotar contra mi padre por traerme a un

metérsela por dond

en tortolitos -dijo Dai con una

manera entrecortad

me dijiste

ra uno de tus reproches, suki -

ermosa, elegante y muy regia que seguramente se sentía amenazada-. Las bastardas tienen que comportarse muchísimo mejor que el resto... Si

de forma direc

dele gracias a su marido por ello y por aceptarme ahora, supongo que teng

l que tendrá un excelente uso -expuso y m

la gana de aceptarlo está bien, pero eso no quita el hecho de que es una realidad que

ar a una bastarda que cuidaste del mundo y que, al parece

hecha con amor, no

fue como un golpe de realidad

a más que se meterá en los matrimonios de las personas... Tal vez hast

lla me dio fue una de la que me quise alejar ens

ella no quiso de

harta de toda la maldita situación-. Yo no pedí esto, y no puedo siquiera

hí y fui dire

retenidas por la sacada en cara de la realidad. Era una tan mala que no sabía por qu

o aguanté y me limpié las lágrimas, entonces una mujer caminó hasta donde me encontraba. No la conocía, era alguien que sin duda alguna estaba c

n poco

así que la devolví con

idea de lo que pasa por

con tristeza-, pero con m

o abrir los ojos

tía...K

que sí te habló de nos

confirmaba mis peores sospec

ría -contesté sin humor y ella supo atinar el compendio de mentiras-. Me habló de la abuela, me habló de su hermana menor, del hermano que pe

se sintió

ás a mí y me tom

que saboreases la libertad de lo mismo -explicó y mi corazón comenzó a latir con fuerza-. Sé que tienes mucho por reprocharle, lo sé... Comparto mucho de eso, pero en todos mis años de

mpraba, no del

vida, me trajo a un mund

ifica que para él debes correr algún tipo de riesgo que no quiere asumir -expresó con seriedad-. No te pido que te ciñas a lo que los demás dicen, mucho menos que

o no la

e antes de que te consuma. No te dejes llevar por la ira,

nces, el hombre de la máscara pidió un brindis. Mi padre lo acompañó, y, para m

cudieron to

o la noche anterior, lo que me estaba volviendo por completo loca y estática; por eso Hiro me dio un pequeño empujoncito y miré a mi padre con

ó a murmurar y yo

ces de cara a los demás. No sabía qué era lo que sucedía por su c

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